Este galardón bienal busca identificar, visibilizar y potenciar las iniciativas de jóvenes, especialmente en zonas rurales, convirtiéndose en un testimonio vivo del poder transformador de la juventud.
De esta manera, la Fundación El Nogal, a través de un trabajo articulado con entidades de diferentes sectores (civil, empresarial y estatal), ha logrado identificar más de 1.084 iniciativas (entre proyectos, emprendimientos, reflexiones y apps) lideradas por jóvenes que están generando oportunidades y transformando entornos violentos.
Con más de 40 aliados y un impacto en más de 1.300 jóvenes en 28 ciudades y municipios, el premio se consolida como un motor de cambio, destacando en esta versión el trabajo realizado por Sofía Valencia (modalidad Reflexión), María José Pérez (modalidad Cultura Ciudadana), María Alejandra Vélez (modalidad Aplicaciones Digitales), Jean Carlos Molano (modalidad Historia) y Jorge Eduardo Usma (modalidad ambiental).
La tecnología al servicio de las ideas brillantes
La verdadera sinergia se materializa cuando el reconocimiento va más allá del diploma. En esta edición, la participación de Carlos Parra, Co Fundador de Emotions, permitió evidenciar como la educación debe trabajar por impulsar una de las habilidades más demandadas del siglo XXI: el pensamiento computacional.
“Desarrollamos capacidades en las regiones mediante tecnologías disruptivas” y fiel a esta realidad entregó a los ganadores kits de robótica e impresoras 3D, dotando de herramientas STEAMS (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas), a estos jóvenes líderes con el fin de estimular su capacidad para estructurar datos, interpretar información y aplicarlos en la solución de problemas complejos.
De igual manera señaló: “Necesitamos de las ideas de los jóvenes. Todavía la tecnología no es capaz de tener las ideas que generan ellos cuando aplican el sentido común, porque se anticipan a las necesidades. El mayor capital no está en los títulos, sino en el valor de las ideas”.
Las voces de un futuro posible
Los ganadores del premio representan la urgencia del cambio. Sofía Valencia, de 15 años, visualiza su Girardota (Antioquia) con mayor inversión en salud mental y grupos juveniles de expresión emocional. María José Pérez, activista social de Sincelejo, aboga porque su ciudad sea reconocida por su innovación y transformación social.
María Alejandra Vélez, desde Medellín, destacó una dolorosa verdad: “somos el valle del software y la tecnología en Colombia, pero no somos incluyentes con nuestras mujeres”. Su emprendimiento, “Ella Segura”, busca precisamente mejorar la percepción de seguridad femenina a través de la ciencia y la tecnología.
Por su parte, Jean Carlos Molano, de Nuquí, y Jorge Eduardo Usma, de 18 años, coinciden en una petición central: igualdad de condiciones, más oportunidades y el reconocimiento de la voz juvenil como un motor fundamental para el país.
El pacto que Colombia necesita: Estado, gremios y empresa privada
El mensaje de estos jóvenes es un llamado directo a la acción para los sectores que tienen el poder de moldear el futuro:
- El Estado y la reconstrucción: como bien lo expresó Pedro Medellín, el sector público y las instituciones deben “reconstruir aquello que por fragilidad o corrupción ha crecido mal”. Se necesita confiar en el liderazgo juvenil y eliminar la tentación de la inmediatez para enfocarse en la solidez de los proyectos a largo plazo.
- La visión transformadora de los gremios: desde la Cámara de Comercio se está impulsando el conocimiento de normas que promueven el empleo juvenil sin experiencia. El desafío, es cambiar el imaginario sobre la falta de compromiso de los jóvenes y, en su lugar, “Creer en las nuevas ideas”.
- La inversión privada como desarrollo, no filantropía: la empresa privada debe ver a la juventud no solo como un objeto de filantropía, sino como un motor de desarrollo estratégico. Los jóvenes, con sus habilidades comunitarias y su visión fresca, son un activo invaluable.
En el marco de este espacio, se hizo una invitación a la responsabilidad colectiva: un pacto de corresponsabilidad para evitar la fuga de talento y aumentar la calidad educativa en los territorios.
De esta manera, la VI edición del Premio Fundación El Nogal nos deja una reflexión: el cambio no es una promesa, es una tarea diaria que requiere la sinergia de todos. Es hora de dejar de ver las dificultades y enfocarnos en el optimismo, confiando en estos jóvenes líderes que no esperan a que las cosas pasen, sino que las empujan para que sucedan.
El futuro que merecemos ya está siendo construido por ellos. ¿Estamos a la altura para apoyarlos?