La historia de la programación comenzó mucho antes de los computadores que conocemos hoy. En el siglo XIX, Ada Lovelace trabajó sobre las ideas de Charles Babbage y escribió un algoritmo pensado para ser procesado por una máquina. Su visión fue mucho más allá de hacer cálculos: imaginó que las máquinas podrían trabajar con símbolos, música y otras formas de información.
Décadas después, las ideas de matemáticos e ingenieros como Alan Turing ayudaron a sentar las bases de la computación moderna. Durante la Segunda Guerra Mundial, Turing trabajó en Bletchley Park y diseñó la máquina Bombe, utilizada para ayudar a descifrar los mensajes codificados por Enigma. Años más tarde, la programación también sería fundamental para llevar seres humanos a la Luna: el equipo liderado por Margaret Hamilton desarrolló el software de vuelo de las misiones Apollo de la NASA, un trabajo que contribuyó a sentar las bases de la ingeniería de software moderna.
A esto se suma, que el World Economic Forum, en su Future of Jobs Report 2025, analizó las perspectivas de más de 1.000 empresas que representan alrededor de 14 millones de trabajadores en 55 economías. El informe estima que hacia 2030 podrían crearse 170 millones de nuevos empleos, mientras que 92 millones podrían desaparecer o ser desplazados, para un crecimiento neto de 78 millones de puestos.
Las profesiones que aparecen entre las de mayor crecimiento están los especialistas en Big Data, especialistas en IA y aprendizaje automático, ingenieros FinTech y desarrolladores de software y aplicaciones. Y hay otro dato que vale la pena tener presente, donde estima que cerca del 40 % de las habilidades requeridas en los trabajos cambiarán hacia 2030.
Por otro lado, la OECD señala que el pensamiento computacional es relevante para diferentes ámbitos académicos y profesionales y que favorece capacidades como la resolución analítica de problemas y la expresión creativa. Además, la organización reconoce que los conceptos de programación y pensamiento computacional pueden introducirse desde los primeros años de educación.
Además, investigaciones que han analizado múltiples estudios sobre enseñanza de programación en estudiantes de educación escolar han encontrado efectos positivos sobre el desarrollo del pensamiento computacional. Lo que da relevancia si lo conectamos con las necesidades del mercado laboral. Las proyecciones del U.S. Bureau of Labor Statistics estiman que el empleo de desarrolladores de software crecerá 16% entre 2024 y 2034, frente al 3 % proyectado para el conjunto de ocupaciones. La entidad también indica que la demanda está relacionada con el crecimiento de la IA, el Internet de las cosas, la robótica y otras aplicaciones de automatización.
Los niños ya hacen parte de un mundo tecnológico. Juegan videojuegos, utilizan aplicaciones, interactúan con dispositivos inteligentes y consumen contenidos digitales. Pero existe una pregunta que podemos hacernos como padres y educadores: ¿Y si además de consumir tecnología, les enseñamos a crearla?
Ese es uno de los propósitos de Emotions. A través de experiencias de programación y robótica con micro:bit, buscamos que los niños descubran que detrás de la tecnología que utilizan todos los días existen ideas, instrucciones, creatividad y personas capaces de construir soluciones. No se trata de dejar de jugar. Se trata de convertir la curiosidad que existe detrás del juego en una oportunidad para crear.
Que un niño no solamente piense: “Quiero jugar este videojuego”. Sino que algún día pueda preguntarse: “¿Y si yo creo uno?”. Que no solamente utilice un dispositivo:“¿Y si construyo algo con él?”. Que no solamente vea un robot: “¿Y si yo lo programo?”
Porque el futuro no necesita únicamente personas que sepan utilizar la tecnología. Necesita personas capaces de imaginarla, cuestionarla y crearla. Y aprender programación puede ser uno de los primeros pasos para iniciar ese camino.